Hablemos de la paternidad. Ésta puede ser maravillosa, ansiada y gratificante, pero a menudo también resulta frustrante, agotadora y desesperante para los papás. Pero, ¿y para los hijos? ¿Cómo lo viven y lo sienten ellos? A menudo estamos tan inmersos en nuestras frustraciones y en el hecho que se cumplan las condiciones que les hemos impuesto que olvidamos pensar en las repercusiones que pueden tener para nuestros hijos estilos educativos basados en la inmediatez, las exigencias y las sobredemandas.

Entonces, ¿de qué manera debemos actuar? ¿Debemos ser permisivos y dejar que nuestros hijos hagan lo que ellos deseen sin imponer ninguna regla ni ningún límite? Por supuesto que no. Existe otro camino que infunde valores basados en el respeto y la comprensión mutua, que se centran en la búsqueda de soluciones y en la creación de oportunidades de aprendizaje para ayudar a nuestros hijos a progresar y a proyectarse hacía el futuro con un sentido y una finalidad constructiva. Estamos hablando de la Disciplina Positiva como vía y herramienta para:

  • Dejar de lado las soluciones inmediatas centradas en el contenido de la conducta de nuestros hijos y en limitarlos en su expresión de ésta, para aprender a dar soluciones basadas en los procesos que tienen lugar detrás de la conducta que generen un aprendizaje a largo plazo en la vida de nuestros hijos. Seguro que muchas veces pensáis que nuestros hijos no aprenden de las reprimendas y los castigos, quizá es porque no se está enfocando de la manera adecuada. Quizá pueden dar un efecto puntual en un primer momento, pero, a largo plazo resulta poco fructífero ya que volveremos a sentirnos frustrados ante el fracaso por una nueva conducta inadecuada.

Por esto, necesitamos practicar en;

  • Romper con aquellos círculos viciosos coercitivos que generan frustración, desesperación e incomprensión mutua. Esta metodología nos enseña a profundizar en nuestra mirada, a interpretar mejor la función que tiene la conducta de nuestros hijos y a generar nuevos circuitos comunicativos y relacionales basados en la comprensión, la empatía y el respeto y la responsabilidad. De esta forma, comprendiendo cómo piensan y sienten, reforzaremos el vínculo con ellos, generaremos cambios profundos en nuestra relación y alentaremos el desarrollo de su autonomía, su autoestima y su autoconfianza.

Y en;

  • Enfocar los momentos de conflictos y tensión como una oportunidad para enseñar a nuestros hijos la mejor manera de actuar y así puedan aprender cómo resolver la situación de una forma respetuosa y sin dañar física o emocionalmente. Así, aprenderemos a validar, respetar y cuidar de sus emociones al mismo tiempo que limitaremos su conducta inadecuada, generando espacios de cooperación y negociación sin luchas de poder. De esta manera, aprovechando estas desavenencias para validar sus emociones y para enfocarse en las soluciones, será cuando aprenderán aquellas habilidades sociales y de vida para resolver problemas de forma constructiva y alentadora.

Con estas herramientas y estos aprendizajes que nos proporciona la Disciplina Positiva, ayudaremos a que nuestros hijos se desarrollen y se proyecten hacía el futuro de una forma sana, armónica, conciliadora, amorosa y no violenta.

Taller Educar con firmeza y cariño. Gústate educando

¿Qué deseas de verdad para tus hijos? ¿Cómo te los imaginas en 10 años? ¿Qué habilidades te gustaría que tuviese para a su vida adulta? ¿A veces no te reconoces en la crianza?

Os acompañaremos en la aventura de educar de forma respetuosa, divertida y amorosa.